1 de cada 20 argentinos sufre depresión

Salud 18/04/2017
El trastorno no solo es mental sino que también afecta a lo físico como cualquier otra enfermedad. Además aumenta los riesgos de sufrir infartos. 
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1 de cada 20 argentinos sufre depresión y preocupa las consecuencias que puede traer la enfermedad, que no sólo afecta mentalmente, sino que también físicamente con los riesgos como infartos y otras enfermedades, alertó la  Federación Argentina de Cardiología (FAC) .

La depresión está creciendo en el mundo de manera alarmante, y más allá de la manera en que afecta la calidad de vida de las personas que la sufren, desde hace tiempo preocupa como causa de discapacidad y de ausentismo laboral. La Organización Mundial de la Salud (OMS) situó  a la argentina con una población del 5% con depresión, es decir que 1 de cada 20 sufre la enfermedad

“Definitivamente, la depresión es un factor de riesgo cardiovascular independiente, tan importante como los demás factores de riesgo conocidos”, advierte el Dr. Gustavo Cerezo, médico cardiólogo ex presidente de la Federación Argentina de Cardiología (FAC) y agrega que “la relación de mutua afectación entre depresión y enfermedades cardiovasculares es bidireccional”.

Las personas con depresión son más propensas que el resto a padecer un infarto de miocardio o un ACV, también las personas con enfermedad cardiovascular o que han sufrido un infarto o un ACV son más propensas a desarrollar un cuadrodepresivo.

Corazón, mente y cerebro

La mente (actividad del cerebro), el cerebro y el corazón están íntimamente relacionados, cosa que en la Antigüedad se intuía pero hoy se conoce más claramente. “Una persona que atraviesa un momento de tensión, que  sufre estrés, va liberando cortisol, una hormona relacionada con el aumento de la frecuencia cardíaca y la aceleración de algunas funciones fisiológicas”, explica el médico psiquiatra Roberto Ré), quién participa activamente en la Campaña de concientización del mes de abril de FAC “Construyamos un mundo saludable”.

De esta manera resulta más fácil entender cómo un estado de estrés sostenido en el tiempo aparentemente sin causa o aunque haya desaparecido aquello que lo originó, como puede ser la depresión, resulta en una afectación mutua y multisistémica en todo el organismo, donde se manifiesta, además, en forma de una serie de fenómenos de carácter inflamatorio: “La depresión afecta desde luego a la mente y al cerebro, pero no hay que olvidar que se da en un profundo estado de estrés patológico, con lo que la acción del cortisol y otras hormonas alteran, primero, la actividad de la glándula tiroides, y luego casi todos los órganos sienten el impacto de esa alteración”, explica el  psiquiatra, fundador de la red SANAR.

Este especialista recuerda que, según publicó la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) las probabilidades de sufrir un infarto agudo de miocardio son cinco veces mayores en personas con depresión respecto de quienes comparten el resto de los factores de riesgo menos la depresión, y esa misma probabilidad es aún mayor (6 a 1) en el caso del accidente cerebrovascular (ACV).

Depresión y deterioro cognitivo

La depresión va mucho más allá de la tristeza. La forma más habitual de la depresión como enfermedad crónica es la que se manifiesta por primera vez alrededor de la adolescencia y puede presentar diversos episodios en las etapas subsiguientes de la vida, incrementando el riesgo cardiovascular en personas jóvenes además de afectar su calidad de vida.

Pero los demás factores de riesgo, como la hipertensión arterial, obesidad, la diabetes, el colesterol alto, el sedentarismo o el tabaquismo, afectan la circulación arterial del cerebro y van deteriorando progresiva y silenciosamente el cerebro, minando las capacidades cognitivas y aumentando el riesgo de demencias en la edad adulta. “Esto ocurre mucho antes de que se presenten daños más groseros y hasta de carácter devastador, como un ACV”, indicó el Dr. Alejandro De Cerchio, especialista en hipertensión arterial e integrante del Comité de Hipertensión Arterial de la FAC.

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