
La actividad pesquera en la Patagonia quedó nuevamente bajo la lupa tras una grave denuncia por descarte masivo de pescado y uso de redes prohibidas en el Mar Argentino. Tripulantes del buque fresquero Nddanddu aseguraron que fueron obligados a tirar al mar más de 3.000 cajones de merluza para cumplir con una orden empresarial que exigía llenar la bodega únicamente con calamar.
El caso, difundido por la Revista Puerto, expone una presunta maniobra de depredación pesquera en aguas patagónicas, con un fuerte impacto ambiental y posibles infracciones a la normativa vigente.
Según el testimonio de José Rodríguez, primer pescador del buque, la tripulación pasó jornadas enteras devolviendo al océano miles de ejemplares sin vida. El objetivo era seleccionar solo calamar, descartando merluza en grandes cantidades.
De acuerdo a la denuncia, se arrojaron más de 3.000 cajones de merluza para conservar apenas unos 80 cajones de calamar, generando un volumen millonario de alimento desperdiciado y afectando directamente la biomasa del caladero.
Este tipo de práctica, conocida como descarte, es uno de los principales problemas de la pesca industrial cuando no existen controles efectivos en alta mar.
Redes ilegales y captura de juveniles
La situación se agrava por el método utilizado. El primer pescador admitió que la red de arrastre llevaba un “calcetín”, una malla interna más cerrada que impide el escape de peces juveniles.
Esta modalidad estaría en contradicción con las regulaciones del Consejo Federal Pesquero y del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), que obligan a utilizar dispositivos de selectividad como el DEJUPA o las grillas Flexigrid para permitir que la merluza juvenil regrese al mar.
Especialistas advierten que la captura de ejemplares pre-reproductivos compromete la recuperación de las especies y pone en riesgo el equilibrio del Atlántico Sur.
Desde la Fundación Sin Azul No Hay Verde, su coordinador en Chubut, Juan Coustet, sostuvo que el caso no sería aislado y reclamó “investigación y sanciones ejemplares” ante lo que calificó como un daño ecológico grave generado por decisiones empresariales.
El referente también pidió mayor fiscalización pesquera, monitoreo satelital transparente y controles estrictos en el Mar Argentino, para evitar que estas prácticas continúen en la impunidad.
El caso del buque Nddanddu reabre el debate sobre la depredación pesquera en la Patagonia y la efectividad de los organismos de control en aguas nacionales.
Mientras se esperan posibles actuaciones oficiales, la denuncia de la propia tripulación pone en evidencia un modelo productivo cuestionado por su impacto ambiental y por la presión económica que prioriza la rentabilidad inmediata por encima de la sostenibilidad del recurso.














